sábado, 21 de marzo de 2026

La Sabiduría de las Multitudes

Autor: Joe Abercrombie
Edición: Alianza Editorial
Páginas: 744
Año de publicación: 2021

El Gran Cambio ha llegado…

Algunos dicen que, para cambiar el mundo, primero hay que quemarlo. Esta idea se va a poner a prueba en el crisol de la revolución: los rompedores y los quemadores se hacen con el poder y el humo de los disturbios ha sustituido al de las fábricas. Todo ha de someterse a la sabiduría de las multitudes.

El ciudadano Brock ha decidido convertirse en un héroe de la nueva era y la ciudadana Savine tiene que reconducir su talento de la búsqueda del beneficio a la mera supervivencia. Orso va a descubrir que, cuando el mundo está bocabajo, nadie está en peor posición que un rey. Y en el sangriento Norte, Rikke y su frágil Protectorado se están quedando sin aliados… mientras Calder el Negro llama a sus fuerzas y trama venganza.

El sol de la Unión ha caído al barro y en la sombra, tras las bambalinas, los hilos del despiadado plan del Tejedor se van trenzando poco a poco…

 

martes, 3 de febrero de 2026

El Problema de la Paz

Autor: Joe Abercrombie
Edición: Alianza Editorial
Páginas: 768
Año de publicación: 2020

Conspiración. Traición. Rebelión. La paz es solo otro tipo de campo de batalla…

A pesar de los reveses sufridos, no hay nada que se interponga en el camino de Savine dan Glokta, en el pasado la inversora más poderosa de Adua, cuando ha puesto su ambición en un objetivo.

Para héroes como Leo dan Brock y Stour Ocaso la paz no es más que un inconveniente que debe remediarse cuanto antes. Pero primero hay que alimentar agravios y reunir aliados. Entre tanto, Rikke tiene que dominar el ojo largo… antes de que su poder acabe con ella.

En todos los sectores de la sociedad anida el descontento. Los Rompedores aún acechan en la clandestinidad, tramando planes para llevar a cabo el Gran Cambio que por fin libere al pueblo, mientras los nobles descontentos tratan de aumentar su influencia y sus prebendas.

Orso intenta hallar un camino seguro en el laberinto de cuchillos que es la política, pero sus deudas y sus enemigos no dejan de aumentar.

Ninguna alianza, ninguna amistad, ninguna paz, dura para siempre.

jueves, 25 de septiembre de 2025

Un Poco de Odio

Autor: Joe Abercrombie
Edición: Alianza Editorial
Páginas: 720
Año de publicación: 2019

Un poco de odio, la esperada nueva novela de Joe Abercrombie, que da inicio a la trilogía «La era de la locura», nos lleva de nuevo al mundo de «La Primera Ley».

Años después, la era de la máquina está llegando al Círculo del Mundo, pero la era de la magia se niega a morir. Las chimeneas de la industria se elevan sobre Adua y el mundo bulle de nuevas oportunidades. Pero las viejas rencillas no se han olvidado.

En las castigadas fronteras de Angland, Leo dan Brock lucha por conseguir la fama en el campo de batalla y derrotar a los ejércitos de Stour Ocaso. Para ello espera recibir ayuda de la corona, pero es mejor no contar con el hijo del rey Jezal, el irresponsable príncipe Orso.

Savine dan Glokta (influyente inversora e hija del hombre más temido de la Unión) planea llegar a la cumbre del montón de escoria de la sociedad empleando los medios que sean precisos. Con lo que ella no cuenta es que ningún dinero podrá poner coto a la ira que va a estallar en los suburbios. Con ayuda de la montañera Isern-i-Phail, Rikke trata de controlar el don, o la maldición, del ojo largo.

Ver el futuro es una cosa, pero cambiarlo, cuando el Primero de los Magos sigue manejando los hilos, es otra muy distinta.

 

martes, 9 de septiembre de 2025

Baila con Lobos & El Camino Sagrado

Autor: Michael Blake 
Edición: Valdemar
Páginas: 816
Año de publicación: 2019

La novela Baila con Lobos fue llevada al cine en 1990, con guión de Michael Blake y dirección de Kevin Costner, que fue también su protagonista.
Michael Blake (1945-2015) nació en Fort Bragg (Carolina del Norte). Al cumplir veinticinco años se fue a vivir a Los Ángeles, donde estudió Periodismo y Cine, y escribió en publicaciones locales. En la Escuela de Cine conoce a Jim Wilson y escribirá para él el guión de Stacy’s Knights (1983), una película sobre el mundo del juego protagonizada por un poco conocido Kevin Costner. Una vez que Costner se convierte en estrella, Blake le plantea el proyecto de hacer una película sobre indios americanos. El actor le pide que escriba primero una novela que desarrolle su idea. Tras leerla, Costner queda fascinado por la historia y decide no solo financiar la película sino también dirigirla y protagonizarla. Bailando con lobos se estrenó dos años después con gran éxito de crítica y público. Blake escribió también Camino al Walhalla (1996), una novela sobre el general Custer, y un ensayo sobre las guerras indias, Indian Yell (2006).
Baila con Lobos (1988) narra la historia de John Dunbar, soldado de la Unión que ve cumplido su sueño de viajar a las Grandes Praderas cuando es destinado a Fort Sedgewick. Su vida cambiará al trabar amistad con un lobo, Dos Calcetines, y sus vecinos comanches. Allí conocerá a En Pie con el Puño en Alto, una mujer blanca criada por los comanches.
El camino sagrado (2001), inédita hasta ahora en nuestro país, continúa con las aventuras del teniente Dunbar once años después. Convertido en el guerrero comanche Baila con Lobos, Dunbar se ha casado con En Pie con el Puño en Alto, ha tenido tres hijos y vive en paz en el poblado del jefe comanche Diez Osos. Pero esa paz se verá alterada cuando una banda de rangers ataca el poblado y secuestra a su mujer y a su hija.

 

viernes, 5 de septiembre de 2025

La Jornada del Muerto

Autor: Larry McMurtry
Edición: Valdemar
Páginas: 560
Año de publicación: 1995

La Jornada del Muerto forma parte de la saga de Lonesome Dove, y en ella conoceremos las correrías juveniles de Gus y Call, protagonistas de esta inolvidable serie de McMurtry.

La Jornada del Muerto está ambientada en los convulsos años de las guerras territoriales entre los Estados Unidos y México. Texas se ha proclamado república independiente en 1836, pero el Gobierno mexicano aún no ha reconocido al nuevo Estado y sus tropas realizan incursiones frecuentes para evitar que se consolide la secesión.

Dos jóvenes reclutas recién incorporados a los Rangers de Texas, Gus y Call, se embarcan en una expedición a la árida frontera mexicana con la misión de descubrir una vía practicable entre San Antonio y Santa Fe a lo largo del Río Grande. Tras estar a punto de caer en manos del jefe comanche Joroba de Búfalo, Gus y Call regresan sanos y salvos a San Antonio. Pero, seducidos por la leyenda del oro de Santa Fe, se unen a un pequeño ejército liderado por Caleb Cobb, un pirata y mercenario que se propone liberar esta ciudad del dominio mexicano, un grupo variopinto de doscientos aventureros cuyos supervivientes, tras superar múltiples peligros, se verán enfrentados al reto de sus vidas, atravesar la Jornada del Muerto, un paraje extremadamente desértico de unas doscientas millas en el desolado Nuevo México, cruzado por un estrecho sendero que reduce en diez jornadas el viaje entre El Paso y Santa Fe. Aunque es la tercera novela en orden de publicación de la saga de Lonesome Dove, La Jornada del Muerto es la primera en cuanto a la secuencia cronológica de los acontecimientos narrados en esta saga, y puede ser leída y disfrutada independientemente del resto de la serie. El lector conocerá en esta novela las correrías juveniles de Gus y Call, protagonistas de la inolvidable Lonesome Dove.

 

 

lunes, 18 de agosto de 2025

Lonesome Dove

Autor: Larry McMurtry
Edición: Valdemar
Páginas: 1136
Año de publicación: 1985


La “Compañía ganadera de Hat Creek” es un pequeño rancho situado en Lonesome Dove, un pueblo texano cerca de la frontera con México. Los dos rangers retirados que lo regentan, Augustus “Gus” McCrae y el capitán Woodrow F. Call, tienen visiones antagónicas del mundo —hedonista y soñador el primero y práctico y tenaz el otro— por lo que son frecuentes los enfrentamientos verbales entre ellos, no exentos de humor y un poso filosófico. La vida transcurre plácida y monótona en un Lonesome Dove achicharrado por el sol, en donde solo ha llovido un par de veces en el último año. Un día llega al rancho Jake Spoon, un viejo conocido de Gus y Call, y les propone una idea disparatada: conducir un gran rebaño de ganado desde Texas a Montana y establecer allí un rancho, algo que nunca se había hecho antes. Aunque apenas disponen de ganado ni vaqueros aptos para recorrer una distancia semejante, el capitán Call decide emprender tan azarosa odisea. Y a partir de ese momento todo se precipita, la errática narración se transforma entonces en una trama llena de acción y aventuras en la que McMurtry roza cotas literarias solo alcanzadas por autores como Faulkner o García Márquez.

Lonesome Dove recibió el premio Pulitzer en 1986. La CBS realizó una miniserie, protagonizada por Robert Duvall y Tommy Lee Jones, basada en esta monumental novela.

 

lunes, 2 de junio de 2025

Viejas Glorias: Gringos



 
Acababa de salir.

Habían llovido cuatro años sin pisar el Gringos. Buscó a Jack con la mirada, pero su hermano ya no estaba. El local se hundía en una penumbra habitada por un par de camioneros abonados al silencio. Junto a la caja, un calendario de páginas amarillentas seguía detenido en un diciembre de cuatro años atrás.

Alba era quien gobernaba la barra: servía café a un viejo que la devoraba con la mirada, con edad suficiente para ser su padre.

Norman Negan se acercó y ella fue a atenderlo; al reconocerlo, dejó la jarra despacio y contrajo el rostro en una mueca.

—¿Qué haces aquí?

El viejo levantó su taza y pidió azúcar; Alba lo silenció con un dedo sin mirar.

Negan abrió las manos en gesto de disculpa.

—Hola… —alcanzó a decir.

Ella giró como si sus palabras fuesen la mayor de las ofensas; sus ojos, dos esferas azules rugiendo tempestades, lo traspasaron a través del espejo.

Había sido un error ir al Gringos.

Norman aguardó, en silencio.

Quiso decir algo que aliviase su pesar.

Todo lo que un día fueron se había esfumado con Jack.

Se dio la vuelta.

—¡Negan! —gritó ella desde el espejo.

La voz lo detuvo, pero tampoco se giró.

—Si hubieras muerto en la cárcel, Jack estaría aquí conmigo.

Negan cerró los ojos y asintió; no le faltaba razón.

—Lo siento… —susurró con un hilo de voz que no reconoció.

Alba gritó y una jarra se hizo añicos junto a las botas de Negan: cientos de pequeños diamantes rodaron por el suelo, como si un atracador torpe tropezara en pleno trabajo.

No fue una buena idea.

Abandonó el Gringos rumbo al rancho.

El camino de entrada estaba en mal estado y aminoró la marcha; no quería que un pedrusco reventara el radiador de la Chevrolet Cheyenne de su padre.

Al abrir la casa, un olor denso lo golpeó. Norman se tapó la boca con el reverso de la mano y dejó la puerta abierta. La madera crujió bajo su bota de punta. Jamás había escuchado tanto silencio en la casa; ni un motor a lo lejos, ni el zumbido del generador. Nada. Como si el tiempo se hubiera detenido el día del funeral.

En la biblioteca de su padre, la cual consideraba territorio del viejo y de Jack, echó en falta obras de autores como Julio Verne y varios ejemplares en rústica de Arthur Conan Doyle. Eligió un libro al azar del montón apilado en la mesa de trabajo y lo ojeó. Nunca lo había hecho antes del trullo; su padre y su hermano tendrían algo que decir al respecto. Se acomodó en el sillón.

Se quedó dormido.

Cerró el libro y abandonó al viejo oficial Claude LaPointe en las peligrosas calles del Main. Faltaban cinco minutos para la media noche. Se encendió un pitillo. Dio una calada y conectó el teléfono a la toma; la luz del contestador parpadeó como una amenaza. Holmes McAllister, el agente de la condicional, había llamado. Marcó y esperó con el auricular pegado al oído hasta que se cortó; lamentó su torpeza dándose golpecitos con el aparato.

Aún no sabía de qué pie cojeaba McAllister. Había oído a los presos decir que era recto y sin sentido de humor; aquel descuido podía traerle problemas. Aplastó la colilla en el cenicero y se pasó la mano por el cabello. Volvió a dormirse maldiciendo su error.

Se levantó temprano.

En Tucson harían el primer recuento del día; no lo extrañó nada. Se afeitó y se dio una ducha. Preparó café del de verdad y lo sirvió en una taza con su plato. Lo saboreó tomando conciencia de su libertad; nunca tan poco significó tanto.

Abrió las ventanas decidido a purificar el aire y recorrió las habitaciones haciendo tiempo; la mayoría de las cosas seguían donde siempre, pero no todas. Alguien había cubierto los muebles con sábanas y guardado la vajilla en cajas de cartón. Echó en falta el viejo rifle Savage 99 de Jack colgado sobre la chimenea, su silla de montar Weatherly Ranch con las iniciales en los estribos, y el puma que decoraba el recibidor, donde Jack colgaba las llaves al regresar con algunos tragos de más.

El Main de Trevanian, la novela sobre los bajos fondos de Montreal, yacía sobre la mesita de noche. Norman la cogió y soltó un suspiro al recordar su cita con McAllister. Se vistió despacio: vaqueros desgastados, camisa de trabajo y botas de punta larga. Cogió las llaves y salió al sol de Arizona.

Condujo la vieja Cheyenne hasta la oficina sintiendo el motor vibrar bajo los pies; la sensación rivalizó con la del café.

Holmes McAllister era un tipo gordo al que empezaba a escasearle el pelo. Vestía un traje Mirto azul planchado de forma impecable. Tenía unos cincuenta años y en su escritorio, además de un monitor de tubo y un teléfono inalámbrico, había un marco con una fotografía de su familia: la mujer, con la mano apoyada en el pecho de McAllister, parecía más joven y no carecía de belleza. El chico, enfundado en una chaqueta del equipo de futbol del instituto, desafiaba a la cámara con la mirada.

Al fondo de la sala, alguien aporreaba las teclas de una máquina de escribir como si de un mono enfurecido se tratase. Negan tuvo que elevar la voz para hacerse oír.

—¡Buenos días, señor McAllister, soy Norman Negan!

—Llegas tarde —respondió él sin apartar los ojos del monitor.

Las teclas de la máquina se detuvieron y el despacho judicial quedó en un incómodo silencio.

—Esto…

—Ni te molestes. —Holmes levantó la vista y le clavó la mirada. Sus ojos se detuvieron un segundo de más en las botas de punta—. Ayer te llamé al número que facilitaste sin respuesta por tu parte. Te voy a explicar cómo funcionan las cosas, hijo: si yo silbo, tú saltas y vienes cagando leches. ¿Me explico? Si me has entendido, di sí y no se te ocurra mover la cabeza.

Norman no parpadeó; se limitó a estrujarse las manos.

Le ardía la cara y su parpado se sacudió con un temblor. Las teclas volvieron a tronar, con más entusiasmo si cabe. Negan tragó saliva, contó hasta tres y mostró su lado bueno.

—Sí, señor —dijo.

—Respuesta correcta —sentenció McAllister—. Te someterás a test de drogas semanales, empezando ya. ¿Trabajo?

—Salí ayer de Tucson —respondió Norman, encogiéndose de hombros.

McAllister ojeó el expediente con el ceño fruncido y dijo:

—Pues si no quieres regresar, más vale que encuentres un trabajo decente, hijo.

«Trabajo decente, hijo», masticó Negan, añadiendo un mamón al final. Corrigió la postura con las manos atrás; también rezó a todo lo que caminara por el agua para que todo saliera bien.

McAllister arrojó el informe a un lado, descolgó el teléfono y marcó la extensión cinco. Esperó.

—Luisa, soy Holmes McAllister. —Negan cambió el peso de su cuerpo a la espera—. Puedes decirle al oficial Moss que acudiré a almorzar mañana. Perfecto, encanto, eres un cielo.

—Disculpe, señor.

McAllister levantó la vista y reparó en Normal.

—¿Puedo irme ya?

Holmes descolgó, marcó y esperó.

—Avisa a Rom que le envió al señor Negan.

Al salir, Norman lo escuchó decir:

—Puto paleto.

Era ya media tarde cuando Michael Carson lo recogió.

Habían compartido celda y fatigas en Tucson; un peso pesado con el que realizó entregas cuando era un pipiolo en el negocio.

—¿Todo bien, Negan?

Asintió con la cabeza. «Que se joda McAllister.»

Michael se encendió un cigarro y Negan subió al coche; recorrió el salpicadero con la mirada y silbó. Tenían mucho de lo que hablar, lo cual resultó extraño porque ambos eran hombres de pocas palabras. Michael tomó la Interestatal 10 rumbo a Nevada. Salir del estado con la condicional significaba una violación de la misma; Negan no pudo evitar imaginar al mamón de McAllister echándole las garras encima.

—Mira en la guantera.

—¿Qué?

—Que mires en la jodida guantera —repitió Carson con el pitillo entre los dientes.

Negan la abrió y la cerró rápido.

Se apoltronó en el asiento sintiendo el frío del cuero. Cerró los ojos y retuvo la imagen en la mente: una Smith & Wesson debajo de una revista guarra por suscripción. Con munición del calibre cuarenta para diez trabajos como aquel.

—Así que lo has encontrado.

—Así es —dijo Carson.

—¿En Nevada?

—En la jodida Nevada —respondió apartando la vista de la Interestatal—. En un rancho a las afueras de Boulder City, cerca de Las Vegas. El cabrón distribuye esa mierda de jaco marrón mexicano. Dirige un antro de moteros mexicanos.

«Cuatro años esperando.»

—¿Quién es su distribuidor?

Michael dio una calada al pitillo y soltó el humo por la nariz; su rostro se endureció.

—Verás… las cosas han cambiado desde que te fuiste.

—¿Cuánto han cambiado?

—Pues… —vaciló—, el ascenso de Yago Sánchez ha sido meteórico. Eliminarlo traerá consecuencias. Tuve que reunirme con Nueva York. Gigante en persona dio el visto bueno. —Negan lo vio juntar los dedos de una mano y sacudirlos en el aire—. Un favor personal.

«El loco del albornoz.»

—Así que trabaja para el cártel —dijo Norman.

—Para los hermanos de Tijuana.

Arrojó el pitillo por la ventanilla mientras lo decía.

Los Arellano Félix. La familia más sanguinaria de México.

—Si lo hacemos, estamos solos —sentenció Carson.

Decirlo estaba de más. Vincent Gigante no movería un dedo por ellos.

Llegaron al motel Sands y pidieron una habitación doble: un cuchitril como cualquier otro en el que desprenderse del polvo del camino. Norman Negan se desperezó, sacudiéndose el viaje de encima. Entonces reparó en el Mustang estacionado frente al motel. Sus ocupantes eran mexicanos y solo tenían ojos para Carson.

Lo normal. Michael Carson conducía un GMC Suburban 2500 SLT negro y vestía un traje milrayas gris marengo de mil quinientos dólares; su mejor sonrisa, la que usaba para meterse en las bragas de las nenas, completaba el conjunto.

—Respira, muchacho —lo tranquilizó palmeándolo—. Son solo cholos controlando su territorio.

«Con Carson nunca faltaba el comité de bienvenida.»

El Mustang arrancó y el acompañante formó una pistola con los dedos y simuló disparar a Carson. Michael fue a la parte de atrás del Suburban, sacó dos maletas y un portatrajes Zegna a juego; acto seguido, levantó la alfombrilla revelando su pequeño arsenal de armas acopladas en compartimentos.

—¡Joder!  —Norman lanzó un silbido.

—Pilla lo que necesites —ordenó viendo alejarse el Mustang.

Norman unió a la Smith & Wesson una Sig-Sauer de reserva y un Ka-Bar de supervivencia. En el fondo del compartimento descansaban un par de subfusiles MP5 y un Colt RO933 de cañón corto que, por razones obvias, no seleccionaron para el asalto al antro. Michael, por su parte, se armó con una pistola de fabricación israelí de una belleza soberbia, una Jericho 941 modificada, más una Glock de nueve milímetros con varios cargadores extendidos de 30 balas.

Ya instalados, revisaron armas y munición.

Dieron una vuelta más al plan mientras cenaban.

Michael Carson se duchó y se enfundó en un prohibitivo traje Tom Ford confeccionado en suave lana de color negro, del que Negan prefirió no preguntar el precio. Debajo vestía una camisa de seda negra con cuello inglés y botones de nácar; unos zapatos Dior del mismo color esperaban junto a la cama.

—¿Desde cuándo te has aficionado a ese tipo de trajes?

La pregunta estaba hecha sin ningún tipo de envidia malsana. Y la sonrisa de Michael reveló que así lo había entendido.

—Desde que gano dos de los grandes a la semana, colega.

Negan apretó los labios y asintió.

Dos de los putos grandes y estaba en mitad del desierto a punto de dar pasaporte a Yago Sánchez.

Volvió a comprobar la Smith & Wesson por última vez.

Estaba tranquilo y de pronto era un manojo de nervios.

Michael hizo lo propio; asegurándose de que la Glock saliese sin problema de la funda. Guardó el arma y le indicó la puerta con un movimiento de cabeza.

Antes de subir al Suburban, Michael echó un vistazo en busca del Mustang de los cholos, pero no lo vio. Negan se golpeaba la rodilla con la culata y Carson lo agarró del cuello y lo zarandeó para insuflarle valor.

—Tranquilo, muchacho.

—Significa mucho lo que estás haciendo.

Carson sonrió.

—Tu estuviste en Tucson.

Fue lo último que se dijeron.

Todo lo que tenían que decirse ya lo habían hecho.

La luz de neón del Pachaparo Club bañó sus rostros cuando Carson estacionó en la parte trasera. Un antro de mala muerte. Con su gorila en la puerta. Su fila de Harley-Davidson con los distintivos de los Cuauhtémoc; igual que en Hollywood, sólo que allí se perdía la vida de verdad.

—Hazlo limpio —le susurró Michael.

Negan no cerró la puerta del coche. Sacó el Ka-Bar. Se deslizó por las sombras, pegado a la pared. Sus pisadas enmudecieron bajo la música del Pachaparo. Rodeó el edificio y bordó al gorila por su lado ciego. Le tapó la boca con una mano. El tipo forcejeó. Negan hundió el acero entre sus costillas y dejó de moverse.

Lo sostuvo mientras Carson avanzaba en su dirección. Juntos lo arrastraron tras los cubos de basura y lo registraron. Se hicieron con una .38 y un walkie-talkie. Michael lo arrojó a la maleza.

—Vía libre —susurró.

Michael levantó el pulgar.

Entraron al garito. Negan iba delante. Tito & Tarántula sonaba en los altavoces. La camarera contaba billetes de espaldas a la barra. Rodearon el billar. Michael señaló. Negan encañonó la puerta de la derecha. Entraron agachados. Michael Carson empuñaba la Jericho. Enroscó el silenciador negro. Un novato de los Cuauhtémoc hacia guardia al final del pasillo. Michael le voló la cabeza.

Pasaron por encima de él. Bajaron las escaleras con la espalda pegada contra la pared. La bota de punta de Negan dejaba figuras carmesí a su paso. El humo del tabaco arañaba los ojos. Dos cucarachas salieron disparadas en sentido contrario. Michael arrugó los labios. El silencio era distinto al de arriba: insoportable.

Michael se detuvo al final del pasillo. Negan lo franqueó. Abrió la puerta con el cañón de la Smith & Wesson. Despacio. El fluorescente del techo parpadeó emitiendo una vibración. Yago Sánchez presidía la mesa de reuniones. Su lugarteniente se sentaba a su derecha. Nueve Cuauhtémoc completaban el cuadro.

Negan entró. Carson lo seguía. Yago Sánchez lo vio. Negan siguió su mirada hacia la mesa del rincón. Once herramientas reposaban sobre la madera desgastada.

Norman Negan lo encañonó.

—Chinga a tu madre.

—Que se joda la tuya.

Apretó el gatillo.

Los sesos de Sánchez se desparramaron por su segundo. El cuerpo cayó inerte sobre la mesa.

«Esto es por Jack, mamonazo.»

Michael avanzó y golpeó la cara del lugarteniente de Sánchez con la Jericho.

—¡Que nadie se mueva! —gritó.

Hizo un gesto a Negan. Los Cuauhtémoc permanecieron inmóviles. Una mosca se posó en la sesera de Sánchez. Negan envolvió los hierros en una bandera del club. Miró a Carson. Michael cabeceó hacia la puerta. Negan salió zumbando con las armas al hombro.

—Caballeros… —dijo Michael mirando las cartas del más próximo—. Buena mano, amigo.

Negan aplastó una de las cucarachas en la huida. Michael atrancó las puertas con los moteros dentro. Cruzó el pasillo tras Negan. Subieron las escaleras de dos en dos. El novato yacía sobre un charco de sangre oscura.

Al entrar en el local, la camarera reparó en ellos. Buscaba algo tras la barra. Negan se acercó y le metió una bala en el hombro. La mujer cayó al suelo entre alaridos. Tito & Tarántula seguían haciendo lo suyo. Negan barrió la barra con el cañón dispuesto a saltar. Michael miró hacia la puerta.

El cristal estalló con un ruido interminable.

Norman Negan se lanzó al suelo y devolvió los disparos a ciegas. Michael se agazapó tras la mesa de billar; una bala le rozó la mejilla. Soltó un grito, volcó la mesa y efectuó dos disparos antes de recargar la Jericho.

—¿Cuántos son? —preguntó a gritos.

Norman Negan negó con la cabeza.

Una ráfaga corta sacudió el Pachaparo. Negan se arrastró cubriéndose con el brazo. El estante de las botellas se hizo añicos sobre la camarera. Michael Carson efectuó tres disparos más, combinándolos con los de Negan.

El humo del tiroteo mordía la garganta. El calor fronterizo penalizaba. Michael volvió a disparar. En un primer momento, no acusó el dolor. Una flor escarlata le empapó la camisa. Bajó la mirada a su pecho. Parpadeó. Buscó a Negan entre la neblina. El segundo disparo le arrancó media mandíbula. La Jericho golpeó el suelo y rebotó. Carson quedó apoyado, sin vida, junto al billar.

La mujer salió de detrás de la barra con el revólver en ristre. Se balanceaba como un hermano del Bronx puesto de crack. Negan parpadeó al verla. Ella levantó el arma y él disparó.

El fuego en el exterior cesó. El rugido de las Harley-Davidson destrozó la quietud. Negan se levantó de un salto. Carson seguía donde había caído, apoyado contra el billar.

Apretó la mandíbula y huyó.

Las sirenas de la policía devoraron la noche.

   


 

sábado, 8 de marzo de 2025

Indigno de ser Humano

Autor: Osamu Dazai 
Edición: Sajalín Editores
Páginas: 124
Año de publicación: 1948

«Por lo general, las personas no muestran lo terribles que son. Pero son como una vaca pastando tranquila que, de repente, levanta la cola y descarga un latigazo sobre el tábano. Basta que se dé la ocasión para que muestren su horrenda naturaleza. Recuerdo que se me llegaba a erizar el cabello de terror al pensar en que este carácter innato es una condición esencial para que el ser humano sobreviva. Al pensarlo, perdía cualquier esperanza sobre la humanidad». Publicada por primera vez en 1948, «Indigno de ser humano» es una de las novelas más célebres de la literatura japonesa contemporánea. Su polémico y brillante autor, Osamu Dazai, incorporó numerosos episodios de su turbulenta vida a los tres cuadernos que conforman esta novela y que narran, en primera persona y de forma descarnada, el progresivo declive como ser humano de Yozo, joven estudiante de provincias que lleva una vida disoluta en Tokio. Repudiado por su familia tras un intento de suicidio e incapaz de vivir en armonía con sus hipócritas semejantes, Yozo malvive como dibujante de historietas y subsiste gracias a la ayuda de mujeres que se enamoran de él pese a su alcoholismo y adicción a la morfina. Sin embargo, tras el despiadado retrato que Yozo hace de su vida, Dazai cambia repentinamente de punto de vista y nos muestra, mediante la voz de una de las mujeres con las que Yozo convivió, una semblanza muy distinta del trágico protagonista de esta perturbadora historia. «Indigno de ser humano» se ha convertido, con el paso de los años, en una de las obras más populares de la literatura japonesa, superando los diez millones de ejemplares vendidos desde su primera publicación en 1948.

 

viernes, 7 de marzo de 2025

Hijo de Dios

Autor: Cormac McCarthy
Edición: DEBATE 
Páginas: 209
Año de publicación: 1973

Lester Ballard es un joven solitario e inadaptado que, tras ser despojado de la tierra de sus antepasados, merodea por los alrededores de Frog Mountain, donde su sexualidad reprimida y el ejercicio de una imaginación rica y morbosa le conducirán a buscar en los bosques víctimas con las que satisfacer su insaciable lujuria. Una cruenta historia que recuerda la brutalidad gótica de Santuario de William Faulkner, en la que Cormac McCarthy da la vuelta al sentido del título creando una escalofriante trama protagonizada por un hombre cuyas frustraciones se incrementan a medida que trata de relacionarse con un entorno que le repudia sin motivo aparente, a la vez que nos ofrece la recreación literaria de un período de Estados Unidos en el que se anticipa ya la problemática de una sociedad tan poderosa como desorientada.

 

jueves, 6 de marzo de 2025

Meridiano de Sangre

Autor: Cormac McCarthy
Edición: Random House 
Páginas: 359
Año de publicación: 1984

Estamos en los territorios de la frontera entre México y USA a mitad del siglo XIX. Las autoridades mexicanas y del Estado de Texas forman una expedición paramilitar para acabar con el mayor número de indios posible. Es el llamado Grupo Glanton, que tiene como líder espiritual al llamado juez Holden, un ser violento y cruel: un hombre calvo como una bola de billar, albino, sin barba, sin pestañas, ni cejas. Holden nunca duerme, le gusta bailar y tocar el violín. Viola, asesina y afirma que nunca morirá. En un momento determinado los carniceros de Glanton pasan de asesinar indios y arrancarles la cabellera a exterminar a los mexicanos que les pagaban. Empieza así la ley de la selva. Además del juez el otro protagonista es el Chaval, que a sus quince años, recibe un disparo por la espalda pero milagrosamente sobrevive… Las vidas de los dos protagonistas se cruzarán sin remedio. McCarthy es una de las voces más ásperas y potentes de la narrativa norteamericana actual, una voz que recoge la herencia de William Faulkner.
 

El Diablo a Todas Horas

Autor:  Donald Ray Pollock  Edición:  Random House Páginas:  326 Año de publicación:  2011 Cuando Willard Russell, veterano de la primera gu...